sábado, 18 de diciembre de 2021

Episodio 18

 

 

Un mundo de sonidos y un amigo de chocolate*

*Este es el último episodio de La voz del autor del año 2021. Nos reencontramos en febrero del 2022. 


 



*El título de esta entrada tiene que ver con los títulos de dos cuentos.

 Uno de ellos pertenece a la escritora Virginia Gutiérrez Lecomte "Un mundo de sonidos", el cual me gustó muchísimo y le propuse a su autora que lo leyera para poder compartirlo en este Podcast, hace tiempo. Y lo compartí en un episodio anterior porque, realmente, me gusta mucho. El otro título es "Un amigo de chocolate", un cuento de la escritora Raquel Silvetti. Una escritora uruguaya que escribe, esencialmente, para niños. 

En este episodio, que es el último episodio del año 2021, compartimos cuatro cuentos. Dos de ellos fueron anunciados en el párrafo anterior, y el tercero, se titula, "El portal bajo el puente" autoría de quien lleva adelante este Podcast. En tanto, el cuarto, también de Raquel Silvetti, se titula "Abracadubra". 

En la portada del episodio mostramos, además de la imagen de los autores de los cuentos compartidos en este episodio, los libros de los autores -algunos de ellos. 

Virginia Gutiérrez nos acompañó en el Podcast Página en Blanco episodios XLV y XLVIII. Los invitamos a buscar los episodios en el blog, asociado al Podcast, que se llama - como el Podcats- Página en Blanco

Un mundo de sonidos

De Virginia Gutiérrez Lecomte

Un mundo de sonidos El goteo de la canilla lo desesperaba. Parecía recordarle, una y otra vez, no sólo que no tenía dinero para repararla -de hecho, muchas veces no tenía dinero para comer- sino que todo su ser, desparramado sobre la cama, ya no tenía energía ni para desplazarse. Su juventud había estado colmada de sonidos: el ruido de sus alpargatas al desplazarse por el piso de madera, el grito de su madre anunciando que la cena estaba pronta, la música que le encantaba, las conversaciones de fondo que lo perturbaban, el aullido del viento, el sonido de su lápiz rasqueteando el papel, el deleite de acariciar su querido sombrero de paja y escucharlo crujir bajo sus dedos, los pasos de sus seres queridos aproximándose, las plantas agitándose en el viento. Siempre había disfrutado las conversaciones con su hermano, el titilar de la caldera cuando el agua hervía para el té, el sonido de la brasa desplomándose bajo el tronco, y hasta las acaloradas y a veces violentas discusiones con su amigo Paul. El colapso fue llegando, agazapado y silencioso. El mundo de ruidos fue desapareciendo gradualmente; no más golpes en la puerta, no más discusiones, no más té, no más fuego, ni más pasos acercándose; cada vez menos lápices. La violenta pelea con Paul había sido un punto crucial en su desbarajuste; el abandono del lienzo, y también la oreja. Algo dentro de sí le decía que deshacerse de una parte de ella había sido un mensaje muy claro: los sonidos del mundo -interior y exterior- ya no le interesaban. El ayuno, el sueño y el desgano lo fueron sumiendo cada vez más en el silencio. Ahora solamente escuchaba la gotera, sus tripas, alguna cucaracha desconcertada, los crujidos de la cama y los gritos de su alma. Sin embargo, antes del final, Vincent escuchó otros sonidos. Primero el lápiz contra el papel que contenía su última carta a Theo, luego el contacto de ese papel doblándose dentro de su bolsillo, el contacto breve con un lienzo, y, antes del disparo en el pecho… su mano jalando del gatillo.



Portada del libro Un zapato en la luna 
de Raquel Silvetti

Sinopsis de Un zapato en la luna

Matías se levanta muy apurado para ir a la escuela. Busca por todos lados, adentro de la pecera y en la cucha de su perra Vera, pero no encuentra un zapato. Saltando charcos y esquivando baldosas flojas, llega a la escuela. Sus compañeros se burlan de él por tener solo un zapato. No imaginan la maravillosa historia que les contará la maestra…

En este cuento se conjugan la fantasía y realidad, la autora aborda el tema del bullying desde un lugar creativo. Es un relato divertido y a su vez ofrece una oportunidad para hacer vivencial en todos la situación del personaje.


Video del cuento Un amigo de chocolate


Agradezco a los amables lectores del blog y a los escuchas de los episodios tengan a bien compartirlos si les gustó.

Cada 15 días subimos un nuevo episodio. Lo difundimos por las redes sociales Facebook, Twitter, Instagram.

El episodio se puede escuchar en iVoox, Spotify y en Tune In


*Este es el último episodio de La voz del autor del año 2021. Nos reencontramos en febrero del 2022. Muchas gracias por acompañarnos en esta propuesta de comunicación, que realizamos desde Montevideo, Uruguay. Nos acompaña Carolina con su voz, en cada uno de los episodios. Mi enorme agradecimiento a ella por ser parte de este proyecto.  

También agradezco a los escuchas del Podcast y a los lectores de este blog por acompañarnos. Y claro está, a los autores que gentilmente nos acercan los audios de sus textos para ser transmitidos en estos episodios de La voz del autor. 

Deseamos a todos los escuchas, lectores y autores... unas felices fiestas, y un muy buen año 2022. 

Walter H. Rotela, desde Montevideo, Uruguay.  


sábado, 4 de diciembre de 2021

Episodio 17

 Ganar al gris*


 


 

*Ganar al Gris es el título del libro del taller A.L.A.S. publicado este año 2021. 

En este episodio compartimos la voz de algunos de los autores del libro GANAR AL GRIS. Ellos leen textos que están en el libro de este año. 


La voz de la escritora Carmen Barcia es la primera que escuchamos en este episodio. Nos lee su texto <<En gris sinfonía>> el cual aparece en la página 17 del libro. 

En gris sinfonía


Gris mañana de agosto

cubierta en gris niebla

te apareces…

Nubes grises, de frío,

hoy nos ofreces

obligando al abrigo y al paraguas.

Y en soledad grisácea

va la tarde,

amasando mi pan…

disfruto el agua

que golpetea mi techo

y que me cuenta,

que el invierno aún...

en irse tarda.

Pintaré mi masa de amarillo.

Será el sol… que ausente

en este día; presente dirá,

en mi mesa tendida

color y calor...

¡Adiós gris sinfonía!

                                                    Carmen Barcia


El escritor Edgardo Souto Vázquez es quien comparte su voz y reproducimos en el segundo audio que escuchamos en este episodio. 

«Oriental, escritor y poeta, de Montevideo. En el taller desde 2017, zurciendo entre la poesía y el relato, la trama de la vida. Voy por mi cuarto libro compartido» -leemos en el libro GANAR AL GRIS en la página que recoge una breve síntesis de la vida del autor y su obra. 

Nos lee su creación literaria titulada: Sueño con flores. 

El tercer audio que escuchamos en este episodio se titula Linda, pertenece a la escritora uruguaya Laura Santestevan. De esta autora en el libro se menciona, entre otras cosas sobre su lugar y año de nacimiento: "Montevideo, 1963. Licenciada en Trabajo Social, dos postgrados. Estudió Letras en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, y Literatura en el IPA..." 

Días Grises es e título del texto leído por su autora Ana Lucy Díaz Tauber. Es el cuarto audio del esta entrega.  Esta escritora es la coordinadora del taller A.L.A.S. (Analizando Letras Abrimos Senderos).  

Silvia Cristina Ferrizo Díaz es la autora del texto titulado "¿Cómo llamarte?" y es este el cuarto audio que escuchamos en el episodio. De esta mujer podemos leer en el libro: "Poeta Gestora cultura Comunicadora de radio. Embajadora de la Paz. Presidenta de Poetas del Amor Universal. Fundadora de Utopía, en Uruguay. Embajadora por España en Uruguay de Arte Ahora", y varias cosas más. 

Los invitamos a conseguir el libro GANAR AL GRIS y leer a estos autores uruguayos. Para más información enviar correo a la coordinadora del taller Lucy Díaz ( lucycuentos@gmail.com ) 

Otra autora que se da cita en el libro y en este episodio es Teresa Ramírez Rodríguez quien nos compartió su poema Poesía al gris. 

La escritora Inés Hernández Abreu nos deja dos de sus textos pero la escuchamos mediante la voz de Lucy Díaz. Los títulos son: <<En mi patria… >> ; <<Amigo viento>>. 

En este episodio compartimos finalmente la voz de otro integrante del taller y que es autor que aparece en el libro GANAR AL GRIS, me refiero a Gabriel Tagliaferro. Nos lee su texto titulado "Al aire libre". 

Dejamos en esta entrada videos que se realizaron para dar a conocer las obras de los autores que comparten sus creaciones en el libro GANAR AL GRIS








Agradezco a los amables lectores del blog y a los escuchas de los episodios tengan a bien compartirlos si les gustó.

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El episodio se puede escuchar en iVoox, Spotify y en Tune In



sábado, 20 de noviembre de 2021

Episodio 16

 

Quise ser poeta*





 

*Quise ser poeta es el título del poema compartido en este episodio de la escritora Inés Hernández.


Este episodio da comienzo con el poema CAMINANDO del escritor Carlos Omar Dive Quefau. Uruguayo que inició a dar a conocer sus creaciones literarias siendo ya un hombre mayor, incluso su escritura se inicia después de jubilarse. Hemos conocido sus historia y sus creaciones y la compartimos en el episodio I del Podcast Página en Blanco.


El segundo audio que compartimos está leído por la escritora correntina Evelín Bochle y es un poema de la escritora argentina Liliana Mariza Robles. Ella actualmente vive en la capital de la provincia de Corrientes, Argentina. El texto lleva por título La tierra del olvido.

Agradecemos muchísimo esta colaboración de los escritores para dar a conocer las obras en este formato de audio.

A la escritora y amiga Liliana Robles la hemos tenido como entrevistada en los episodios IXX y XXII de Página en Blanco, emitidos durante el 2020.


El tercer audio compartido es de la escritora uruguaya Adriana Gissèl. Nos comparte su poema Llanto, el cual forma parte de su primer poemario. Mantuvimos entrevista con ella que se compartió en el episodio XII de 2020 del Podcast Página en Blanco y también en 2021 en el episodio LIV. En éste último nos contó sobre su libro Enredando Palabras, donde aparece este poema compartido en este episodio 16.


Quise ser poeta - el título de esta - es también el título del poema de la escritora Inés Hernández Abreu, escritora uruguaya de Cerro Largo, aunque actualmente vive en Montevideo. Esta escritora incursiona tanto en narrativa gauchesca coo cuentos para niños o poemas de amor. El poema aquí compartido forma parte del libro Fortaleciendo Alas, del taller literario A.L.A.S dirigido por Lucy Díaz, que se publicó en 2020.


Los últimos audios son poemas del escritor peruano  César JulioVirhuez Villafane, quien tiene varios libros publicados. Con este autor hemos mantenido entrevistas que se pueden escuchar en los episodios XX y XXVII del Podcast Pagina en Blanco, subidos en el año 2020.


Por consultas dirigirse vía correo a lavozdelautor2021@gmail.com

Quise ser poeta


Quise ser poeta y solo he logrado

pobres versos tristes sin alma ni encanto.

Mi pecho rebosa de versos callados

que en mi mente viven sin poder soltarlos.


Quise ser poeta y solo he logrado

acumular sueños todos destrozados

mi canto no es grito, es la voz del tiempo

que acude a mis labios como un juramento.


Quise ser poeta pero he comprendido

que tan solo puedo contar mis desvíos

mi poesía es sosa y sin armonía

es la pena antigua que nunca termina.


Quise ser poeta, que mi canto tenga

el color del cielo y la paz de la tierra.

No quiero las aves en la pajarera

ni la mariposa en libro prisionera.

                                                                     Inés Hernández Abreu


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viernes, 5 de noviembre de 2021

Episodio 15

 

Lo que nos toca*





 

*Lo que nos toca es el título de unos versos de Nilda Beatriz Sena, escritora correntina que participa de este episodio.


Aclaración: Este episodio se subió hoy viernes por razones de fuerza mayor. El audio está pregrabado, y dice sábado 6 de noviembre; pero necesité subirlo antes. La edición estaba armada casi enteramente, por lo que no se vio afectada mayormente, sí esta entrada, que no fue muy elaborada, pero creo que igual informa sobre los autores literarios como musicales. 

Mi enorme agradecimiento a todos ellos porque si esto salió se debe a la colaboración de los escritores y los músicos que podemos compartir hoy. Gracias. 



En este episodio los invitamos a escuchar voces correntinas, sí, audios de un grupo de autores de la provincia de Corrientes, Argentina. Los cuales están acompañados por temas musicales de los compositores correntinos César Frette, Alejandro Mendoza, Armando Nelly y Tránsito Cocomarola interpretados por el grupo musical César Frette Trío.


Manuel Alejandro Bovino Maciel, es el primer escritor de quien compartimos un audio en este episodio. Nos deja el verso LA SEÑORITA MARITA. Él reside en la ciudad de Buenos Aires y compartimos una entrevista mantenida con él en el episodio 30 de Página en Blanco en el 2020.

Cuenta con varias obras de narrativa publicadas. También crea obras de dramaturgia que fueron representadas en varias oportunidades. Y sobre lo que podremos escuchar en una próxima entrevista que compartiremos en el Podcast Página en Blanco.


El segundo y tercer audios, son los poemas: LO QUE NOS TOCA ; TERCERA EDAD, pertenecen a la escritora correntina Nilda Beatriz Sena, quien desarrolla una gran actividad promoviendo la cultura. Ella está vinculada al folklore como a la literatura.

Es una docente, jubilada en 2019, que desde sus roles de Directora Regional del Consejo del Folklore de Argentina (Coffar) en Corrientes, o como directora de la Biblioteca Profesional Docente de San Luis del Palmar o como organizadora de eventos culturales lucha por promover la cultura desde distintos ángulos.

Con una larga trayectoria laboral donde se desempeñó como docente de nivel primario y secundario. Supervisora escolar titular de nivel primario del Consejo General de Educación.

En su haber cuenta con varios libros publicados, entre ellos: “Navegando en Palabras”, “Así te veo San Luis del Palmar”, “Pasos Perdidos”, “Con ojos de niños” (libro de poesía infantil con suplemento para docentes de primaria, con interés del Ministerio de Educación), “50 y 50”, “Cuando cae la tarde, todo se vuelve poesía” y muchos otros textos.

Si bien mantuvimos con ella una entrevista que se compartió en el episodio 65 de Página en Blanco, volveremos a mantener entrevista a fin de conocer su obra literaria con más detalle.


El escritor correntino Rodrigo Galarza, quien reside en Madrid, España nos deja el audio de su poema titulado Oficio de Viviventes. Hemos podido conocer algo de la actividad literaria de este autor, también en el episodio 65 de Página en Blanco, pero estaremos manteniendo otra entrevista para profundizar en su trabajo literario. Algunos títulos que podemos nombrar son: “Parque de destrucciones” que es su último libro publicado. Otros son: Soles dormidos, Cuentenario, Diluvio en la memoria, Ráfagas de pájaros, Relámpagos de crepúsculos. Además las novelas: El agujero, Toda la noche hago la noche y Estero -que completa la trilogía. Hay más obras que estaremos conociendo en breve.


La escritora correntina Evelín Bochle, es la siguiente autora que nos deja sus audios. Con ella mantuvimos entrevistas en Página en Blanco también. Con varios libros publicados y como coordinadora de la Colección Como el agua, de Moglia Ediciones. Es una docente y gestora cultural con mucha actividad que participa en eventos vinculados al libro en toda la provincia de Corrientes y también fuera.

Esta escritora nos deja tres de sus poemas en esta oportunidad.


Los temas musicales que se usaron acompañando a los audios de los escritores son: En audio del texto de Alejandro Maciel: La señorita Marita [Se usó la música de César Frette (CAMINO INTERIOR)]

En audio del poema de Nilda Sena: Lo que nos toca [Se usó la música de C. Frette (DE ALTO VUELO)]

En audio poema de Nilda Sena: Tercera Edad [Se usó la música de C. Frette (EN VISPERAS)]

En el audio poema de Rodrigo Galarza: Oficio de vivientes [Se usó música de Alejandro Mendoza (AL COMPÁS DEL LICOR)]

En los audios de Evelín Bochle: dos poemas [Se usó música de César Frette (EL RINCÓN SANROQUEÑO)]

En el audio de Evelín Bochle: poema 3 [Se usó música interpretada por Trío César Frette (PUENTE PEXOA, de Armando Nelly y Tránsito Cocomarola)]


Todos los temas musicales son interpretados por el conjunto musical César Frette Trío.

Dejamos enlaces a los sitios donde contactar y escuchar a los intérpretes de la música, antes referida: spotify, YouTube, Amazon, instagram. Tik Tok, Apple Music, SOUNDCLOUD , deezer, YouTube music


Imagen tomada del muro de Facebook de César Frette

Imagen tomada del muro de Facebook de César Frette

Agradezco a los amables lectores del blog y a los escuchas de los episodios tengan a bien compartirlos si les gustó.

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El episodio se puede escuchar en iVoox, Spotify y en Tune In.






lunes, 25 de octubre de 2021

Audios para La voz del autor

 

Requisitos para enviar los audios y ser difundidos en

La voz del autor





La duración del audio no debe superar los 3 minutos en general, o 5 para narrativa.

El audio tendrá estas características y orden:

1- Lectura del título

2- Lectura del nombre del autor y nacionalidad del mismo

3- Lectura del texto

4-No tendrá música agregada ni efectos sonoros.

5- Los audios deben enviarse al correo lavozdelautor2021@gmail.com


Aclaraciones:

a) En caso de ser una prosa puede durar hasta 5 minutos. En caso de que ese tiempo no permita leer el texto completo, informar dónde puede leerse el texto completo o dónde escucharlo completo. (Todo eso dentro de los 5 minutos del audio)*Excepción leer i)

b) El respeto de la duración del audio es muy importante, puesto que el micro dura 15 a 20 minutos, y nada más. Si respetamos esa consigna tendremos a varios autores por episodio.

c) La información de dónde puede escucharse el audio completo o dónde puede leerse el texto completo se puede enviar por correo, para ser adjuntada en la entrada del blog que de cuenta del audio compartido. A lo que se agregará la foto enviada por el autor de sí mismo.

d) Si el autor tiene un blog o cuentas en redes sociales que quiera compartir, puede enviar la dirección en el correo que envía.

e) Si alguien desea enviar más de un audio, debe hacerlo por separado. Por ejemplo: tiene varios poemas que duran de 30 a 40 segundos. Debe enviar cada uno por separado. Con el mismo formato de presentación: Título, nombre del autor y nacionalidad, lectura del texto. Esto permite usar los audios en forma independiente y se puede compartir en episodios diferentes.

f) Los archivos no deben enviarse con música agregada ni efectos. Esto debido a que no queremos infringir ningún delito vinculado a los derechos de autor. En este programa, como en Página en Blanco, se utiliza música libre de derechos de autor, aunque se menciona al autor por respeto a su trabajo, a su dedicación y a su generosidad.

g) Este programa, como Página en Blanco, se hace sin percibir ninguna remuneración a cambio de parte de nadie. Quienes estamos involucrados con el proyecto lo hacemos porque nos gusta esta experiencia de comunicación mediática. Y tampoco perciben nada quienes comparten sus audios. Lo que persigue el programa es, simple y llanamente, ser un vehículo más de comunicación que haga llegar, precisamente, la voz de los autores a un público que guste de escuchar audiolibros.

i) Si un texto leído no se puede escuchar en otra parte puede extenderse más de 5 minutos; pero en ningún caso debe superar los 15 minutos. Pues esa es la duración media del Podcast.

sábado, 23 de octubre de 2021

Episodio 14

 

Don Canó*





 

*Don Canó es el título del cuento del escritor Rodrigo Villalba Rojas, que recibió el primer premio en El Premio UNNE para las letras 2021.


Rodrigo Villalba es profesor en Letras (Universidad Nacional de Formosa), Doctor en Humanidades con mención en Letras (Universidad Nacional del Litoral), fue becario doctoral del CONICET, miembro del Instituto de Investigaciones sobre Lenguaje, Sociedad y Territorio (UNaF). Desde el 2015 es miembro del Grupo Vinculado al Instituto de Estudios Sociales y Humanos (IESyH) UNaM-CONICET.

Área de especialización: Literatura y Estudios Culturales. Poesía del Paraguay escrita en guaraní-yopará. El discurso nacionalista en la literatura.

Proyecto de investigación doctoral: “Ñande reko”: El discurso nacionalista en la poesía en guaraní escrita en Paraguay durante la guerra, pre y posguerra del Chaco (1917-1953)

Entre 2009 y 2013 formó parte del Grupo de Estudios de Teatro de Formosa (UNaF) como asistente de investigación. Publicó los ensayos Teatro, mito y experiencia humana: El nudo (Ohú Chey Chalocué) (Premio UNaF, 2013) y El efecto semillero. Los Gregorianos en diez años (o más) de teatro formoseño (Premio INT, 2015).


Este autor estuvo en nuestro otro Podcast Página en Blanco. Mantuvimos entrevistas compartidas en los episodios XVI y XXI. De ambos episodios compartimos información en el blog Nuestras Huellas en la Era Digital.



Este episodio le dedicamos exclusivamente a este autor debido a la extensión del audio. Y además, detalle no menor, el escritor nos eligió como el medio por el cual quiso hacer público su cuento, de modo que nos parece un grato placer compartirlo en este Podcast.


Poemas de Rodrigo Villalba Rojas


Sy


que una mañana cualquiera

como eran todas, ella

me raptaba sencillamente del sueño

índice y pulgar

la mano atenazada sobre el dedo mayor del pie

y cielo

mamá

con un gesto mínimo y perenne

me hilaba al mundo

con el cordón de su brazo

cielo

me raptaba del teorema

confuso

de la nebulosa continua

me invocaba en una voz

evocaba con un signo

cielo

mi regreso

y yo, ya senil o cercenado

tendré décadas hachazos sobre los hombros

y aunque el cuerpo a tierra,

derrotado:

cielo



Hambre


la providencia es para los animales

ellos conocen los vaciaderos

las presas del monte

cada madriguera entre los arbustos

su olfato ha memorizado un mapa

de la caza y la rapiña

no conocen el hambre



Mitâ ysyry hasê (versión libre)


Un niño llora en la ribera

el borde del agua asemeja a la cascara de las flores

cubre a la semilla guardada en la cáscara

la nube llega al agua como una mariposa

pero también las alas de la mariposa son como el brillo del ocaso en el filo de la nube

y a la vez

las nubes y la mariposa echan fuego y tiemblan como una palabra

la palabra viento es desasosiego

y a la vez un niño llora en la ribera

un agua vieja.

Su lágrima toca el agua porque el niño vuelve al agua y él es agua.

No está afuera. Es el compañero del agua.

Sólo puede volver al agua si llora.

Volver al agua con el agua del vientre.

Volver al agua con el agua del corazón que el niño llama sangre.

El niño llora bajo la mariposa porque es dios.

Ella prueba el agua y la ayuda a brillar y el niño le confiere luz.

El fuego en las alas de la mariposa se llama nube, cerro, ocaso, reflejo, temblor, llanto y nacimiento.

Nunca los nombres separados.

El niño llora en la ribera pero no es así.

El río es anciano y deja salir al niño del agua para jugar con el fuego en las alas de la mariposa,

como se dijo.



Cuento compartido en este episodio


Don Canó

Rodrigo N. Villalba Rojas


El secreto es la ceniza misma del archivo, el lugar donde ni siquiera tiene ya sentido decir «la ceniza misma» o «en la mismísima ceniza». Derrida.


Temprano vine a golpearle las manos en la vereda: venía a avisarle que había fallecido el tío, pero también le traje una botella de miel negra y un bidón de caña. No tenía la plata entonces y arrugó primero los cinco dedos contra la manija del bidón. No importa, le dije, como si no me importara y le repetí. ¿Me escuchaste? Murió ya el tío Chucho. ¿Qué?, preguntó el viejo, taponado el oído. El chagas le había dejado un zumbido de lija en el tímpano. Chucho, tu primo, ¡murió nomás ya! Le hablé más cerca con el temor de anunciarle la mala demasiado bruscamente. Eran primos, es cierto, pero eran los únicos acá de la colonia que volvieron vivos de Malvinas. Después de eso los llevaban siempre a hacer honores en las escuelas o en el municipio; charlaban largo, contaban el trance, a veces añadían detalles que antes no se mencionaron, recuperaban episodios del cinco de octubre, habían andado por ahí pero completaban mucho de oídas, insinuaban ideas pero siempre coronaban con el sermón sobre el amor a la patria que una parte del pueblo ya tenía sabida con todas las tintas. Ahora él sólo rió y movió en círculos los alambres de la cabeza; hacía como cinco años ya sólo asistía a los homenajes para hacer esos movimientos leves casi sin echar palabras.
Ya empezaba a darse vuelta y lo sujeté. Don Canó, le dije, más alta la voz. Me miró con unos ojos tipo lembuses acurrucados. ¿Ha? Abrió el salón de la boca marcada por caries y niebla etílica. Te estoy diciendo que se puso mal, el tío Chucho, se puso mal de salud, ¡muy enfermo estaba! Sí, enfermo está, Chucho está enfermo, repitió. Volví a decirle que murió, con algunos rodeos. No puedo describir la mudanza en su rostro: las cejas se le cayeron en un charco de petróleo, la niebla de las cataratas llenándose de sal, un tic de tambores en los pómulos. ¿Chucho piko? Volvió a dibujar círculos con la cabellera hirsuta y me dio la espalda. No le oí hablar, pero sentí cómo se desleía a medida que entraba al rancho. Dejó la puerta abierta y lo seguí.
Le pregunté si quería viajar, si quería ir hasta la ciudad. Le pregunté si quería que lo lleve. No podía decirle qué había pasado, no sabía darle detalles, pero tenía que llevarlo conmigo. Yo quería que vea por última vez a su camarada. Primero se negó, no quería nada o no le importaba. Creí que no me había entendido. Sacó una bolsa de galleta dura y empezó a picar con un cuchillito viejo. Las gallinas enseguida se arremolinaron a su alrededor buscando las migas. Algunas saltaban desde la fiambrera, la cama, el ropero. Me pidió con un gesto que buscase huevos en la pieza. Era su estrategia para detectar a las que estaban empollando. En su catre había una colorada rugiendo como lista para el picotazo. La empujé con un rastrillo y salió dando alaridos cortos. Junté cuatro huevos calentitos y llevé hacia el comedor. El viejo agarró y los quebró en un vaso, me hizo señas de nuevo para que revolviese con el cuchillito y echó una buena medida de caña y algo de miel. Sobre la mesa había costras y capítulos anteriores de otros ponches, rastros de yerba seca y ennegrecida, hormigas que viboreaban entre las rendijas de la madera hasta perderse por un hueco en la pared. Sacó unas pastillas del bolsillo, las masticó y fondo blanco.
¡Y bueeeno!, dijo en voz alta y caminó hacia la fiambrera.
Se calzó un sombrero de paja, estrujó un bastón de takuara, me pegó, como para no perder la costumbre seguramente, un bastonazo en la cabeza, y me pidió con un gesto su necéser que estaba abajo del mueble entre telarañas, polvo, plumas y otras puerquezas de hace tiempo. Una bandolera mugrienta que tenía adentro dos tornillos y un pedazo de cuchara, algunas migas de algo, y arañas acurrucadas en las costuras. Empezó a deslizarse hacia la puerta. Cuando me di cuenta tenía mis brazos llenos de ronchas y pulgas. Le pregunté si llevaba algo de ropa, algún bolsito. ¡Bueno! Intenté armarle un equipaje de mano. No había mucho que hacer, la ropa estaba en general estrellada entre montones de mierda y plumas multicolores, arañas de nuevo, telarañas de nuevo, curuvicas de pared y moho, olor a tiempo estancado. No había agua. La heladera era apenas un carruaje más que hacía de fiambrera o cargatodo. No había luz eléctrica, dormía temprano y combatía el frío sin bañarse o entibiando la sangre con caña. Comía en la casa de la solidaridad, donde le daban las galletas secas para las gallinas que se le criaban solas. Le pregunté eso, si quería dejar galleta molida para las gallinas. Igual van a encontrar, dijo. Dejé unos cuantos bodoques de pan seco sobre la mesa. Le pregunté si cerraba la puerta trasera, por los chorros. No, no hay, me dijo, ndokymo’ãi, no llueve todavía, tradujo. Le pregunté si quería llevar algo más. Se frotó la cintura y me pidió una botellita vieja de Fortín que tuve que llenar con el repuesto de caña. La ensartó en su cintura. Cartucho lleno, dijo con una leve risa, y espantó algunas mosquitas que le revoloteaban la corona.
Antes de cruzar el portón, volvió y me pidió la pala. Me hizo cavar al costado de la casa. No era tierra dura pero tenía sus días de compactada. Había una caja de fruta que oficiaba de baúl. La saqué como me fue posible, entre la hediondera y la superficie barrosa. Adentro había huesos amontonados y una estampita de san expedito o alguno de esos, borroneada por obra de la humedad y largos meses. Florinda había muerto hacía ya seis años y él no tenía dónde enterrarla. Un compinche le había prestado alojamiento en el panteón de su familia, por un tiempo, hasta que empezamos a morirnos como langostas y él necesitó ese espacio. Nicanor tuvo que sacarla sin destino, improvisó un nichito del lado de afuera de su dormitorio, armó un cajón de tabla gruesa que trajo del verdulero y descartó la caja de fibrofácil que la municipalidad entregaba en aquel tiempo. Levantá, me dijo. Tuve que revolver entre los huesos hasta toparme con un envoltorio de algo como guita enliada o vaya uno a saber. Ese es para vos, balbuceó. Pero tengo plata, le dije. Estiró la mano hacia mí y pulsó unas cuerdas imaginarias con los dedos calcificados. Metió el embalaje en la bandolera y nos fuimos. Allá te muestro. Nos fuimos. Le iba preguntando cosas como para mantenerlo distraído y él me respondía por lo bajo. El ronroneo del motor y la ruta no me dejaban oírle nada. Cuando quería escucharle mejor bajaba la velocidad. De vez en cuando jugaba con el cierre hebilla de su necéser. Bromeé que iba a comprarle uno nuevo, pero no me entendió y empezó a apretar los botones de la radio del auto. En su casa solía tener un equipo de esos viejos con pasacasét pero se lo robó un muchacho que cayó a vivir un tiempo con él. Era un vividor que le sacaba sus muebles, botellas, cubiertos, incluso gallinas y pollitos, para venderlos y hacer unos pesos. También se quedó con su tarjeta y cobraba la pensión por él hasta que el banco empezó con la fe de vida. Al final, el mencho ése terminó desapareciendo porque la gente de la capilla se dio cuenta que era un sinvergüenza y empezó a visitar al viejo con el dizque motivo de predicarle la Palabra. Después desaparecieron también los piadosos y quedaron él y sus gallinas. Como ya nadie se las robaba para vender, la población crecía paulatinamente, salvo cuando las comadrejas hacían fiesta.
Pregunté si quería escuchar algún chamamé kireí. Heeee, respondió alargando la letra con leves redondeos de testa. Conecté el teléfono y enganché una carpeta de diez canciones que todavía tenía grabadas. Hice un silencio y seguí las canciones. En cualquier momento alguna melodía le haría decir algo o le traería alguna memoria, pensaba. Sacó unas pastillas de nuevo, las masticó y sacó la botella de Fortín. ¡Tengo agua, don! le dije, antes que procediera, pero ya destapó y se mandó un par de tragos cortantes. ¿Ha? Está, está bien, y movió la cabeza de nuevo, en círculos, cortando el aire con el ala del sombrero.
Suspiraba a cada rato y yo me preguntaba qué bocanadas de fuego le pasaban por la mente. Yo todavía lo veía y trataba de restablecer su imagen de muchacho en medio de la balacera, primero en el asalto al regimiento, después contra los ingleses. Y, sin embargo, ahora estaba acá a mi lado como un despojo del heroísmo, aplastado por la prórroga del último día. Le hablé del clima, dijimos algunas tonterías hasta que empezó a verse de lejos el control de policía. Estamos llegando, don Canó, ya falta poquito. Heee, estiró de nuevo la letra y pareció atragantarse un poco, pero apagó la tos de nuevo con dos lindos tragos.
Jugaba todo el tiempo con el broche del necéser y le pregunté por la plata que sacamos de la caja. ¿Tiko? me dijo. Esa cosa que saqué de la tierra (no me animé a decirle entre los huesos), era plata, ¿cierto? ¿Plata? me respondió como buscando en la memoria corta. En el cajoncito de la finada, seguí, ¿había plata? Ahh, no, ¿éste pa? golpeó la tapa de la cartera. No, no es plata, es para vos. Un proverbio. Hizo un silencio. Unas cuentas. Hizo otro silencio, imaginé que podía ser una de esas biblias de bolsillo, documentaciones, un testamento. Canó volvió a toser con fuerza y más severidad, corcoveó un poco entre arcadas. Temblaba mucho y tuve que detener el auto porque comenzó a devolver lo que quedaba del alcohol y espuma contra la guantera y las alfombras del auto. Bajé con la piel erizada y empecé con golpecitos en la espalda. Temblaba, temblábamos. Tosía y daba arcadas cada vez más fuerte. Ya había algunas casas, por suerte, y empecé a gritar por ayuda. Hasta me avergoncé de tirar una voz tan tiple en esa circunstancia. El viejo parecía convulsionar y los vecinos salían a la puerta, a las veredas, algunos autos paraban y la gente bajaba a mirar. Uno me pidió que lo bajase del coche, que lo tirase de costado para que no se ahogue; otro decía que no se trague la lengua; otro cuidado con la cabeza. El viejo echaba cada vez más espuma de la boca. Hasta que se detuvieron los espasmos y el tío volvió a respirar con algo de pausa como un fuelle triste. Todo parecía haberse vuelto una farsa, el viejo tirado sobre el pavimento en un charco de vómito. Yo pidiendo ayuda y ambulancia sin que falte el epíteto glorioso, es un veterano de Malvinas, mi voz chillona insistiendo, es un veterano de Malvinas: ¡hay que hacer algo! ¡No lo dejen morir! La gente preguntándome qué pasó. Yo enumerando los pormenores del viaje y nuestro destino. El viejo Nicanor resollando sus últimos aires entre el vómito y las moscas que ya dibujaban órbitas sobre el caldo rancio.
Cuando llegó la ambulancia lo subieron a la camilla. Los policías me hicieron un par de preguntas, me entregaron el necéser y fui siguiéndoles en mi auto que iba echando moscas y aroma a bilis por la ventanilla.
Quedé esperando afuera de la guardia con la certeza que podía llevar horas plantado ahí. Llamé a casa para avisar: tenía que mandar el auto al lavadero, esperar que llamen al familiar del tío Nicanor. El necéser todavía tenía el envoltorio adentro, lo saqué, desenlié la cinta escoch que tenía. Una libreta de almacén y una libreta de enrolamiento. La foto ya estaba borrada y las hojas manchadas de moho, varias de ellas pegoteadas, la tinta echando un aura de muchas décadas. En la libreta almacenero había una frase recortada y en letra minúscula, “alegría es para el justo el hacer juicio; mas destrucción a los que hacen iniquidad”, y luego cifras, siglas, fechas, una sobre otra,

JMA, 53, m, c. a Mt Lin. 15-03-77
RAH, 947, f,, puente Queb, 15 a 20 p. 25-04-78
NN, 51, f, RIM, estan. 25-04-78
P, 956, m, RIM - CH, 13-12-76

La lista se estiraba por varias páginas, casi todas pegadas y rociadas de volutas de humedad, y a partir de la hoja veinte ya sólo había renglones despintados, garabatos, moho y barro. Una de las hojas escribía como en adenda, con otro color, con otra actitud en el trazo:

Por mi país di mi amor y mi vida

NO ME ARREPIENTO

¡VIVA LA PATRIA!

¡Muerte a los comunistas terroristas violadores!

Temblé.
Saltó de mis manos el anotador, repleto de cadáveres.
Sentí la espalda que se me partía en dos. Que un río de lava se me incrustaba en la garganta.

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Agradezco a los amables lectores del blog y a los escuchas de los episodios tengan a bien compartirlos si les gustó.

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Mi agradecimiento a la profesora y traductora Silvia Medina que nos acompaña con su voz en la locución. 

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Agradecimiento e invitación a un nuevo programa

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